Érase una vez… una película anárquica

La última película de Quentin Tarantino, “Érase una vez en… Hollywood”, no puede clasificarse como “mediocre” pero sin duda no está al nivel de otras de sus cintas.

Quizás se trate del eterno problema de las expectativas demasiado elevadas (leer críticas antes de ir al cine no siempre es buena idea) pero para un fan de películas de Tarantino (como es mi caso) la sensación al abandonar la sala de cine fue de cierto desencanto. Voy a tratar de exponer los motivos.

NOTA: Si no has visto la película es buen momento para que dejes de leer: mejor que la veas primero.

Escena con Leonardo DI Caprio

El ritmo

Lo primero que “choca” (con la inevitable comparación con otros de sus trabajos como “Malditos Bastardos” o “Django Desencadenado”) es el ritmo con el que transcurre la historia. Lento, muy lento. Los prolongados planos de los ambientes del Hollywood de la época (con una excelente fotografía, eso sí) y la incorporación de tramas “paralelas” (como el periplo de Sharon Tate viendo su película en un cine de barrio), aunque “bellos” visualmente, frenan el ritmo y alargan en exceso el metraje. No encuentro justificación tampoco a algunas secuencias de diálogo, excesivamente prolongadas, como en la que el personaje de Di Caprio se “confiesa” con una niña actriz (podría haberse reflejado esa situación con 10 minutos menos de diálogo). Este ritmo lento en muchas fases termina provocando cierto “tedio” que hace dudar al espectador de hacia donde quiere llevarnos Tarantino y sobre todo de si realmente es necesario.

Anarquía

Si en trabajos previos del director se puede incluso disfrutar del uso caprichoso de la temporalidad, con acontecimientos “no cronólogicos” en la historia (viene a la mente la brillante “anarquía” de “Pulp Fiction” y cómo todas las piezas se unen a pesar del caos) en el caso “Érase una vez en Hollywood” este desorden no termina de comprenderse y ofrece al espectador una sensación de inconexión que, al menos por mi parte, no tiene justificación.

Ego-cine

Y es que al final, la sensación viendo la película, es que Tarantino hace una película “a su medida” (la que a él le gustaría ver por todo el universo cinéfilo que envuelve) pero con una estructura y un andamiaje débil, como si fuera un videoclip al servicio de una canción o un spot publicitario en torno a un producto. Echo en falta la personalidad del director de otras cintas, donde se vuelca en no dar respiro al espectador, en dar profundidad a los personajes y, sobre todo, en no embarcarnos en tramas innecesarias o que nos hagan perder el foco en la acción.

Érase una vez en Hollywood

A pesar de todo…

Tiene momentos brillantes, sin duda. La escena del rancho (puro cine de terror) con un Brad Pitt inquisidor adentrándose en una comunidad hippie o la escena de Leonardo Di Caprio rodando la parte más crítica de su western, salvan la película de un olvido fácil. El final, más propio de un auto-homenaje a otros films de la marca Tarantino (giro inesperado a lo “Malditos Bastardos” incluído), es más corriente, más simple y en definitiva “terreno fácil” para el bueno de Quentin.

Conclusión

En mi opinión, con “Death Proof” este es quizás el film más “corriente” de Tarantino. Con buenas interpretaciones y con un par de momentos brillantes pero sin duda no cercano a la “obra maestra” que algunos han tratado de dibujar.

NOTA: 6/10

  • Lo mejor: Leonardo Di Caprio y la escena del rancho.
  • Lo peor: La anarquía y el ritmo de la historia.

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