“Roma”, de Alfonso Cuarón: amor por los detalles

“Roma” es la típica película que puede generar dos reacciones en el espectador: amor a primera vista o indiferencia absoluta. Sin término medio. Esta abismal diferencia de criterio, erradica en el peso que el espectador sea capaz de otorgar al valor artístico y técnico del último trabajo del mexicano Alfonso Cuarón. El amor por los pequeños detalles, las texturas, el sonido y por encima de todo, la fotografía, son el principal sustento de un film que no hace alardes pero que es un alarde en sí mismo. Sin esa cuidadosa atención por los sentidos (a veces incluso podría “olerse” el aroma de cada escena), el espectador medio puede quedarse frío ante una historia cotidiana y al borde del drama, de una familia mexicana de clase media.

Toda la película gira en torno al punto de vista de Cleo: una empleada del hogar que no sólo trabaja para dicha familia sino que prácticamente vive para ella. Nos ponemos en su piel y contemplamos su día a día, su amor por los pequeños de la casa, su relación con el entorno y también, de manera inevitable, somos partícipes de su drama particular (no desvelaré detalles). Y es a través de sus ojos, también, como vamos descubriendo el interior de una familia fraccionada por el desamor paternal (padre egoísta y desprendido de los suyos) y el ensalzamiento de una “madre coraje” como único referente de unos niños en pleno desarrollo personal.

Dejando un lado la historia de Cleo, la familia para la que trabaja y los diferentes aspectos dramáticos de la cinta, la mayor virtud de “Roma” es, sin duda, lo magistrales que resultan muchas de sus escenas (en un sobervio blanco y negro). Sobresaliente dirección pero no menos importante el montaje. Remarcables son, a mi entender, 3 ingredientes que pueden quedar, para siempre, en la memoria del espectador:

  1. El magistral arranque y presentación de la casa, sus espacios y sus texturas.
  2. El magistral rodaje de las secuencias durante las revueltas callejeras.
  3. y por supuesto: un magistral plano secuencia final en la playa, en pleno atardecer, donde se resume en una sola escena no sólo el amor entre los personajes sino el sentido estético global de la cinta.

Conclusión: “Roma” no es una historia épica que recordar. Es un relato cotidiano de personajes (en conflicto) cargado de realidad y mucha, mucha, mucha belleza. La amarás o te resultará indiferente. Sin término medio.

NOTA: 9/10

  • Lo mejor: su fotografía en blanco y negro. Una obra de arte.
  • Lo peor: el ritmo de la historia podría considerarse lento en momentos puntuales.

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1 comentario de ““Roma”, de Alfonso Cuarón: amor por los detalles”

  1. Yo no pensaba ver la película de Cuarón , pero después de leer esta crítica en la que se resaltan y explican con claridad sus aspectos más positivos, creo que la pondré en lista de espera para verla cuando sea posible. Las críticas cinematográficas deben cumplir una función pedagógica para ayudar a los cinefilos y ésta lo hace.

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