Crucero con sabor a naufragio – Crítica de “Yucatán” (2018)

Cuando un realizador como Daniel Monzón encadena dos éxitos consecutivos (“Celda 211” y “El Niño”) se enfrenta irremediablemente al ojo crítico del espectador que desea que el listón, al menos, se mantenga .

A pesar del valiente cambio de género (salto a la comedia tras dos intensos thrillers) la jugada no le sale bien a Monzón y termina ofreciendo una película mediocre, irregular y totalmente prescindible. Voy a tratar de exponer los motivos de esta afirmación.

Como toda comedia que se precie, es necesario el conflicto entre personajes para desplegar los artificios de la risa a través de diálogos y situaciones. En este caso, el eje del conflicto es un millonario (hombre sencillo al que le toca la lotería) al que pretenden embaucar tres ladrones, viejos conocidos (una mujer y dos hombres a la vez rivales entre sí por dicha fémina) para llevarse todo el dinero. Todo ello en el entorno y contexto de un viaje en crucero, con todo lo que ello implica.

Sobre el papel, podría funcionar (y parece hacerlo en algunos compases) pero para desgracia del espectador, la película se convierte en una consecución de situaciones inverosímiles, forzadas y con escaso sentido del humor. Nos encontramos con un guión que no termina de “fluir” y que pretende ser aderezado (sin éxito) con giros inesperados, cambios de escenario y hasta números musicales. Para que se entienda con un símil gastronómico, es como cuando un plato no está sabroso y se pretende solventar con un exceso de guarnición, salsas y aderezos. El problema es que la receta no es buena y por muy solvente que sea el chef, es un plato lleno de excesos, de difícil digestión.

Y no, el barco no naufraga como podría sugerir el título de este artículo, pero si lo hace la película. Pese a tener un reparto aceptable (impagable el implante de pelo de Luis Tosar, por cierto) y ser técnicamente correcta, es una comedia que termina yendo a la deriva hasta un desenlace tan facilón como aparatoso.

En fin, deseando que el próximo barco de Daniel Monzón llegue a buen puerto. Sobre todo después de la buena travesía iniciada por “Celda 211” (su mejor trabajo hasta la fecha).

  • Lo mejor: su apartado técnico.
  • Lo peor: una historia y un guión que “hace aguas” por todas partes.

NOTA: 4/10

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