Houston, tenemos un problema… pero todo irá bien – Crítica de “Marte” de Ridley Scott

Marte” es la enésima incursión de Ridley Scott en el género de la ciencia-ficción, terreno en el que se mueve como pez en el agua. Es una película entretenida, bien construida, y sobre todo con una dosis elevada de humor y optimismo.

El arranque es vertiginoso, con un brillante planteamiento estético (los planos abiertos y las perspectivas cenitales de la cámara, merecen mención especial). Es en la batalla del personaje contra la soledad y la muerte donde nos vienen, de forma irremediable, reminiscencias de films como “Náufrago” (palpable paralelismo en la forma en la que el personaje aborda la situación de abandono) y de la más reciente “Interstellar” (en un rol muy parecido al que el propio Matt Damon desempeña en la cinta de Nolan, aislado durante mucho tiempo en una estación espacial a millones de kilómetros de distancia).

La característica particular de esta peripecia marciana, es que el humor impregna cada una de las situaciones, restando dramatismo (a veces en exceso) y generando empatía con el espectador. Incluso en el uso de la música (tendencia muy marcada otro de los films recientes del género: “Guardianes de la Galaxia”) se apuesta por restar “trascendencia” a la trama con canciones positivas e incluso atemporales, que sobre el papel no encajarían para situaciones límite.

Es quizás, el último tramo de la cinta, donde se pierde cierta verosimilitud (no desvelaré los desafíos físicos del protagonista para intentar volver a la Tierra) y donde el guión pierde consistencia, quizás con un exceso de azúcar (hay un esfuerzo demasiado pronunciado en desencadenar ese patriótico clímax final –lo más predecible y poco original del film, a mi entender-).

Aun así, correctísima película con un Matt Damon solvente, un guión bien construido y un apartado técnico sin “peros”. Una forma muy amena y positiva de abordar un género en ocasiones algo trascendente, como lo es el de la ciencia ficción. “Houston, todo tiene solución”.

  • Lo mejor: su sentido del humor y su impecable factura.
  • Lo peor: el patriótico (y edulcorado) final.

NOTA: 7/10

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